Vea el también artículo sobre la historia y descripción de la caña (cane)
Una y otra vez hemos dicho en estas páginas que no hay una “manera correcta” de hacer la mayoría de las cosas, pero en lo referente a una buena azotaina con la caña o con una vara hay, por lo menos, una manera “aprobada”. Desde luego, no es obligatorio usarla, pero es la forma elegante y “profesional” de usar la caña, desarrollada a lo largo de los años por los Directores y Directoras de escuela, los tutores y las gobernantas de Inglaterra.
La caña tradicional inglesa es la de rota (rattan), descripta en La caña, pero estas técnicas se pueden usar con cualquier varilla, sólo que entonces se la llama vara ("rod"). Algunas usuales son las ramas de sauce, nogal, avellano, peral, membrillo y tamarindo.
Se pueden hacer varas de mimbre con casi las mismas características de las de rattan, pero algo menos densas. Y Mónica aclara: "estuve jugando con el mimbre y me dio una grata sorpresa ver que bien se pone cuando lo mojas simplemente con agua de la canilla. Toma peso y se pone terriblemente flexible. Luego probé sumergir la vara toda la noche, pero sólo dos terceras partes del largo, de modo que la parte que sería el mango la mantuve seca. Con eso conseguí que el extremo estuviera mucho mas flexible que el mango, formando un efecto como de látigo"
También dice: "¿Has probado las de morera? Hay unas moreras cuyas ramas crecen para abajo y en forma de paraguas. Tienen un peso, una flexibilidad y una densidad asombrosas. Se ciñen admirablemente y no se despuntan." (gracias, Mónica)
Nunca use una verdadera caña (el tallo hueco de algunas plantas). Puede hendirse y lastimar seriamente. Se usa en castigos judiciales (donde el propósito es lastimar) justamente por eso y para castigos muy severos.
Hoy en día se pueden conseguir cañas o varillas de materiales plásticos. Dicen (no las hemos probado) que las de lucite o acrílico se pueden romper (y los plásticos, al romperse terminan con áreas filosas), que la de teflón sólido es demasiado severa y que las mejores son las de delrin. También podría probar las de Lexan (policarbonato).
Pensamos que se podía probar con las de fibra de vidrio o grafito que se usan para cañas de pescar. En las casas especializadas se consiguen lo que se llaman en inglés "blanks" (algún pescador que nos ayude en español) , varillas cónicas para armar uno mismo las cañas.
Hay dos tipos principales de fustas:
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La tradicional tiene una azotera en la punta.

El punto de unión entre la vara y la azotera es duro, lo que lo hace peligroso para golpear. Con estas, se debería pegar sólo con la azotera.
Las fustas modernas, cubiertas con un tipo de tela, terminan en un lazo con una colita del mismo material.

Como éstas no tienen un punto duro, se pueden usar como cañas severas.
La caña deja marcas inconfundibles, que dependen de la fuerza de los golpes.
En el momento del impacto, la caña deja una marca lívida, más notable en pieles oscuras, que en unos instantes se convierte en una marca rosada. Si el golpe es más fuerte, los bordes serán más oscuros, y finalmente se convertirán en dos líneas paralelas, comparables a los rieles paralelos de un tren.
Los “rieles” pueden ser desde un rosado fuerte a verdugones violeta levantados, que luego serán negros, y que se convertirán en un arco iris de colores antes de desaparecer.
Si el golpe fue salvaje, la piel se estirará tanto que se romperá en los bordes, dejando heridas sangrantes.
Las marcas rojizas desaparecerán en unas horas, las violeta entre una y tres semanas, y las heridas pueden dejar cicatrices de por vida.
El dolor del impacto se siente también en dos etapas diferentes: primero, ardor y un dolor sordo cuando la caña impacta contra la piel, y después de unos segundos, un dolor más agudo, una sensación de ardor que quema, que surge desde muy profundo, se dispersa por toda el área de las nalgas y aumenta con el tiempo. Esta sensación ha sido comparada con el dolor de una quemadura con aceite hirviendo (no lo sé, nunca me quemé con aceite), o la marca de una varilla de hierro al rojo (ídem, pero lo que sí sé es que la caña duele realmente).
Además, el dolor del golpe no se siente inmediatamente. Se va incrementando con el tiempo, llegando a su pico unos segundos después del impacto.
Un buen usuario de la caña aguarda unos segundos entre golpes, calculando que el próximo caiga en el momento en que el dolor del anterior alcanza su pico.
El dolor de los golpes es acumulativo, pero no lineal. Se incrementa hasta el tercer golpe, y los demás parecen no aumentarlo más, sino sostenerlo en su pico interminablemente.
Y seis no es el doble de tres, sino que se siente como mucho más. Por eso es que los castigos escolares, dependiendo de la edad del alumno y de la gravedad de la falta, aumentaban lentamente, de tres a cuatro, a cinco y a seis, y en circunstancias extraordinarias podían llegar a ocho o hasta a doce. He leído acerca de “dos veces nueve”, es decir, dos azotainas de nueve golpes cada una, separadas por un tiempo de descanso en el rincón, pero no sé si es fantasía o si se usaron realmente.
Los castigos judiciales pueden ser más severos, hasta miles dados en series de 50 cada quincena, a lo largo de varios años. A veces se dan con cañas y a veces con látigos.
Si se levantan verdugones, el castigado no podrá sentarse, al menos con comodidad, por varios días. En un castigo judicial, dado con una caña larga y gruesa, por un hombre fuerte, el recipiente puede tener que estar en cama por una semana.
Publicado: 03/02/03
Rev: 22/08/03; 19/09/03; 03/11/03; 26/07/04; 12/08/04
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