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Azotes y latigazos

Sensuales o sexuales

 

Por favor, lea también Seguridad y Seguridad: el látigo

 

Con floggers livianos y medianos, es posible una sesión de azotes sensual o sexual.

El procedimiento es el mismo que para cualquier otro castigo sensual o sexual, y si bien voy a dar detalles, éstos no son importantes. Es el ambiente general de la escena lo que importa.

Para comenzar, la ataría boca abajo, en cruz a una cama, no tensando demasiado para dejarle algo de libertad para moverse, y en la posición más cómoda posible, ya que la sesión será bastante larga. Pero también podría estar libre, si ambos lo prefieren. Podría dejarla apoyar la cabeza en una almohada, o, si le va a pegar mayormente en las nalgas, poner la almohada debajo de ellas.

A continuación, un precalentamiento largo y calmo. Elija su flogger más liviano, y acaríciela arrastrando las colas sobre su espalda, nalgas y piernas, despacio, hablándole suavemente. También puede usar su mano libre para acariciarla. Si el propósito del ejercicio es sexual, pase las colas sobre sus genitales, acarícielos con su mano libre.

Ahora comience a pegar suavemente todo a lo largo de su cuerpo. Como debería ser sólo un masaje suave, no hay áreas peligrosas. Pegue en todo el cuerpo, comenzando en las pantorrillas, y subiendo metódica y rítmicamente. Pegue en las piernas, en el interior de ellas, inclusive los genitales, cuando llegue a ellos, si eso le gusta. Luego cubra toda el área de las nalgas, y la espalda.

Cuando llegue a la parte superior de la espalda, baje pegando con más fuerza, como un masaje fuerte. Mientras baja, evite las áreas más riesgosas, como los riñones y la parte de atrás de las rodillas. Dependiendo de lo que le guste, puede o no masajear los genitales.

Siga hasta que toda la espalda tome un color rosado, y se sienta más caliente que el resto.

Y ahora, a la azotaína en serio. Ahora si limítese a pegar en las áreas convenidas, la espalda, las nalgas, o ambas.

Comience a azotar un poco más fuerte que en el masaje, e incremente lentamente la severidad, manteniéndose siempre por debajo de lo límites del castigado. Cuando alcance el nivel deseado, pare algún tiempo para acariciar, con las manos y con el látigo, más íntimamente si la sesión es sexual. Entonces recomience, más fuerte que al principio de la primera, pero más suave que al final. Haga varias vueltas, cada una comenzando más suave que el final de la anterior, y terminando más fuerte, y cambiando por floggers cada vez más pesados y severos.

Recuerde que el umbral de dolor del castigado subirá a medida que su cuerpo produzca endorfinas y adrenalina. Siga hasta alcanzar el nivel convenido, que podría ser sólo el de una azotaína suave, pero podría llegar a un gato o un látigo, si ella prefiere las sensaciones fuertes.

Si fue una azotaína sensual, y para el sumiso es bastante, podría terminar allí. Siga hasta que ella alcance el sub-espacio, esa intoxicación de endorfinas que muchos comparan con el éxtasis religioso, en el que uno flota en el espacio sin preocupaciones ni cuidados, o hasta que ella tenga un orgasmo, o hasta que ambos crean que es suficiente.

Para una azotaína sexual (pero también se podría usar en una sensual, si les gusta) la desataría, y la ataría de nuevo en cruz boca arriba, pero con las piernas dobladas, las rodillas arriba y los pies atados en el medio de la cama. Y dejándole mucha libertad de movimientos.


Esta posición deja accesibles las partes más sensibles del cuerpo. No pude pegar fuerte en ningúna parte del frente de una mujer (salvo tal vez la parte superior de los muslos). Pude pegar algo más fuerte en el pecho de un hombre.

Pero si puede pegar suave, con instrumentos livianos y sólo para hacer arder, en los senos y en los genitales (que están llenos de estructuras delicadas, fáciles de dañar). ¿Y qué tal si aquí prueba su flogger de crin?

 

Puede también pegar de esa forma en la parte inferior del vientre, debajo de la altura de la cadera. Alterne los azotes con caricias en los senos y en los genitales, y puede besarla en los labios o echarse sobre ella y frotarle el cuerpo. Hágale todo lo que sabe que le excita.

A mí, como sumiso, me excita mucho estar atado boca arriba, indefenso, siendo golpeado o acariciado a su placer. Tal vez preferiría que me siguiera besando, tal vez quisiera no ser golpeado nuevamente en los genitales, tal vez quisiera finalmente tener sexo. Pero ella tiene el control y maneja los tiempos, y ella decide que haremos y cuando. Puede excitarme besándome o acariciándome, o puede frustrarme con dolor. En cuanto a sexo “normal” (si, los que andamos en BDSM también disfrutamos del sexo vainilla), soy algo dominante, y prefiero tener el mando. Lo que busco en BDSM es que me obliguen a perder ese control. Y si trato de recobrarlo, aún estando atado, tratando de devolver los besos a mi manera, por ejemplo, ella puede mostrarme quien está al mando con dolor, azotándome, abofeteándome o pellizcándome.

Y entonces, el final de la escena. Cuando ya no puedan aguantar más, la recompensa. Podría ser sexo vainilla, desatándola, o podría ser una “violación”, si fue lo acordado, tomándola así, atada (es lo que prefiero, tanto como si juego como dominante o como sumiso). Los detalles del final son más adecuados para una página de sexo que para una de azotaínas eróticas.

 

Publicado: 24/07/04
 

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