Por favor, lea también Seguridad y Seguridad: el látigo
Para mí, los latigazos significan castigo. Un castigo formal y doloroso. Así que pienso que el ritual debería ser el usado para castigar criminales por la mayor parte de la historia.
La escena debería comenzar con el culpable vestido adecuadamente. Un hombre estaría descalzo, con sólo pantalones, y una camisa sobre los hombros. Una mujer, descalza y con un vestido liviano de algodón, con una falda larga que sólo deje al descubierto tobillos y pies. El vestido debería tener los botones en la espalda, y la mujer no debería usar sostén.
La victima debería tener las manos atadas adelante. Lo mejor sería usar los antiguos grilletes de hierro (se pueden conseguir en tiendas de BDSM de Internet), pero, si no los tiene, se pueden usar unas cadenas con candados en cada muñeca, y dejando unos centímetros de cadena entre las manos. Desde luego, use sogas si eso es lo que tiene. También podría atar los pies de la misma manera (pero dejando bastante cadena libre como para que no tropiece al caminar).
El sumiso debería ser obligado a parase delante del dominante, como si estuviera delante de un juez. El “juez” podría estar sentado detrás de un escritorio o una mesa, para hacerlo más formal. Debería declarar la lista de los “crímenes” cometidos, explicar porque las reglas deben ser obedecidas, como debería comportarse en el futuro, y la sentencia: cuantos azotes recibirá y cuando (es mejor si es por lo menos un par de horas después). Desde luego, debe ser un discurso largo y formal.
Cuando termine, el culpable debería ser llevado a la “cárcel”, encerrado solo en un cuarto cuanto más pequeño mejor, (podría ser un armario bien ventilado, o un baño), con los grilletes, a esperar el castigo. Desde luego, no debe tener reloj, ninguna manera de saber la hora. Y ¿qué tal si la deja sentada en el suelo encadenada a algo?
El tiempo en la cárcel, esperando recibir los latigazos en la espalda desnuda, especialmente si sabe que el castigo será duro, es delicioso. El miedo, la anticipación. El tiempo se estira como si fuera de goma. Y se trata de escuchar los ruidos exteriores, intentado saber cuando vendrá el verdugo. Después de algún tiempo, el dominante pude caminar cerca de la “cárcel”, tal vez mover el picaporte de la puerta, para que el culpable crea que ha llegado el momento, e irse. Podría inclusive abrir la puerta para controlar al prisionero, e irse sin pronunciar palabra.
Cuando llegue la hora, el culpable será empujado hasta el cuarto donde se cumplirá la sentencia y atado a un poste (una columna), la cruz (un par de ganchos en la pared) entre dos postes (o algo parecido) o a una escalera de mano usada como triángulo. Entonces el verdugo retirará la camisa del hombre, o abrirá el vestido de la mujer, descubriendo su espalda y hombros.
Ahora es el momento para que el dominante busque el látigo, caliente con calma su brazo y pruebe el látigo. Pegue varias veces sobre algo, para que le condenado lo escuche. Déle tiempo a imaginar el dolor de los azotes sobre su espalda. No hay apuro, el culpable no irá a ningún lado.
Y finalmente, los azotes. Siendo un castigo, no habrá precalentamiento. Pegue duro (dentro de lo razonable) desde el comienzo. Pegue lentamente, dándole tiempo a sentir todo el dolor del golpe y a anticipar el del siguiente. Puede usar el método del ritmo para azotar.
Después del castigo, el culpable puede ser dejado allí atado por una media hora o más, como se hacía en los castigos reales, cuando el castigo era público, para que la multitud pudiera ver el efecto de los azotes. Déjela disfrutar del dolor de su espalda en una posición incómoda.
Si quiere hacerlo aún más duro, vuelva a ponerla en la “cárcel” después, otra vez con sus grilletes y encadenada a la pared. Otro par de horas hará que el efecto del castigo sea más duradero. Y entonces si, las caricias, abrazos y besos que deberían seguir a todas las escenas.
Publicado: 12/08/04
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