Dijo lo que no correspondía, o hizo algo incorrecto y, de la nada y como un rayo, aparece una mano que le deja la cara ardiendo, los ojos húmedos y a Ud. sintiéndose humillado y castigado. Acaba de recibir uno de los castigos más antiguos, una bofetada.
Los sopapos en la cara son algo excitante, polémico y peligroso. Tan peligroso, que le rogamos, por lo que su sumiso le importa, que no continúe leyendo este artículo sin leer primero Seguridad: las bofetadas.
Son polémicos por sus peligros, y por sus profundas consecuencias psicológicas. La víctima quedará totalmente humillada, y puede despertar viejas cicatrices mentales, si su sumiso fue abofeteado abusivamente antes.
Pegar en la cara es degradante, insultante, humillante. El impacto de la mano del otro en el rostro es percibido por la mayoría de la gente como una intrusión a su privacidad, un golpe a su intimidad, mucho más que los golpes en otras partes del cuerpo. Es sólo un punto menos insultante que ser escupido en la cara.
Así que, antes de abofetear a su sumiso, esté seguro de que es lo que él/ella quiere. Una bofetada no consensuada, o en el momento equivocado puede arruinar sus juegos.
Pero es realmente excitante recibir una bofetada, aún si suave, para llamar su atención, para informarle de que su comportamiento no es correcto, como aviso de que está en camino a un castigo más severo. Y para recordarle quién manda. Se va a sentir como un niño cuando es regañado por un adulto.
Hay SÓLO UN LUGAR, el centro de la mejilla. No pegue ni más arriba ni más abajo, y recuerde que el castigado va a mover la cara para intentar evitar la bofetada, así que asegúrese de donde pega.

Relaje la mano y la muñeca y deje que su mano pegue como si fuera una correa. No ponga la mano rígida como una paleta.

Pegue con la palma y los dedos, con suficiente fuerza como para que arda, pero no como para provocar dolor y tenga cuidado de dónde pegan sus dedos. El ardor es sólo superficial, de la piel. El dolor es más profundo, e indica algún daño.

Y si su mano es grande en comparación con la cara de su sumiso, pegue sólo con los dedos.
Las bofetadas deben ser suaves pero secas. Haga arder, no doler. No siga el movimiento, dando vuelta la cara de su sumiso. Detenga la mano cuando toque la cara. Eso es bastante no sólo para hacer arder, sino para dejar una marca rojiza, que, si sus dedos estaban algo abiertos, va a tener la forma de su mano, una visión muy sensual.
Con todas las restricciones de seguridad, las bofetadas no pueden ser un juego demasiado físico. Pero el placer del juego no es tanto el efecto físico, sino el psicológico.
Puede usarlo en mucha situaciones. Como un aviso, como dijimos antes. Para resaltar su argumento, cuando lo regaña. Subraye cada frase con una bofetada, para reforzar la lección. Para mostrar quién manda, durante una relación sexual ruda. E inclusive como castigo
Puede pegar siempre en la misma mejilla, para que el ardor se acumule, o puede alternar mejillas, pegando alternativamente en cada una. Puede abofetear cada mejilla con la mano opuesta, o alternar bofetadas de derecho y revés (pero recuerde los nudillos) con la misma mano.
Pruebe una ráfaga de tres o cuatro bofetadas suaves pero rápidas en la misma mejilla y verá que no es necesario pegar fuerte para castigar.
Para un gran final mi favorita: siéntese en una silla, haga que su sumiso se arrodille entre sus piernas, bien derecho y con las manos a la espalda, atadas de ser necesario.
Sosténgale la cabeza con una mano, de la nuca, de un puñado de cabello, de su cuello (con cuidado) o de su barbilla, forzándola/lo a mirarlo, así puede ver el miedo en sus ojos, su cara retorciéndose y sus ojos parpadeando a cada bofetada.
Comience a regañarlo, explicado otra vez las reglas, su razón, diciéndole como espera que se comporte en adelante. Y subraye cada frase de lo que debería ser un largo regaño con una bofetada. Cada sopapo arde sólo un poco, pero la incomodidad se acumula, y muy pronto él o ella estarán arrepentidos, preguntándose si alguna vez acabará, sus ojos llenos de lágrimas, su cara enrojecida. Va a recordar la lección por largo tiempo.
Otra posibilidad es hacerlo de pié, sosteniéndolo contra una pared con su mano en la parte superior de su cuello, el dorso contra la mandíbula, (asegúrese de no restringir su respiración) forzándolo a levantar la cara. No puede mover la cabeza para atrás, por la pared, para el frente por su mano, y tiene que quedarse allí, mirándolo y recibiendo las inacabables bofetadas. (Si pega con fuerza golpeará la nuca contra la pared. Ni lo intente).
También puede hacerse con el sumiso parado quieto, en posición de firmes, sin apoyo y desatado. Debe aceptar las bofetadas voluntariamente, como merecidas. No se permite ningún movimiento (thanks, Pavel)
Manténgalo seguro, sensato y consensuado, y diviértase.
Publicado: 03/10/04
Revisado: 10/03/06
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