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¿Atado o libre?

 

En cualquier actividad humana hay interrogantes, interrogantes importantes, se podría decir interrogantes trascendentales. Gran parte del significado de la actividad dependerá de su repuesta personal a esos interrogantes.

BDSM no es la excepción, y trataremos de comentar sobre ellos para que Ud. pueda hacer su elección con fundamentos.

La pregunta en este caso es: ¿deben las azotainas darse con el sumiso atado o con libertad de movimientos? (¿qué esperaba? Somos un sitio de azotainas, no de metafísica o religión).

En los castigos sobre las rodillas, aún si el sujeto no está atado, no está realmente libre, está en una posición que restringe los movimientos y sus posibilidades de defensa. Estas azotaínas son dadas usualmente con el sumiso desatado, aún cuando si fuera particularmente fuerte se le podrían atar las manos a la espalda o los tobillos por razones prácticas. Pero no es a esto a lo que nos referimos.

La pregunta es para los castigos en los que el sumiso debe pararse, acostarse o inclinarse por sí mismo, como para una azotaina con la vara o con un látigo.

Los castigos escolares y la mayoría de los castigos domésticos se dan con el sumiso suelto.

¿Por qué un niño aguantaría “seis de las buenos” sin moverse? Una de las razones es que no se atrevían a desobedecer una orden de una figura con autoridad, porque eran enseñados de esa manera. Si uno de sus padres o un adulto del personal de la escuela les ordenaba que se inclinaran lo debían hacer, no había elección ni salida. Y si se les decía que se quedaran en esa posición, harían todo lo posible por quedarse en esa posición. También influía el miedo, ya que sabían que de moverse estaban desobedeciendo una orden y eso causaría un castigo mayor.

Si el castigo era público, por ejemplo en el aula, inclinándose sobre el escritorio del maestro delante de todos sus compañeros, había otra razón especialmente para los muchachos, el orgullo. Se quedarían allí, tratando desesperadamente de no moverse y no llorar, para no aparecer como cobardes delante de sus compañeros. Soportar el castigo “como un hombre”, aguantarlo sin demasiados gritos o pelea era una muestra de coraje que les ganaba el respeto de los demás.

Pero nosotros somos adultos. ¿Por qué un sumiso aguantaría un castigo sin moverse?

La razón más importante es demostrar la sumisión adecuada. Si el deseo de amo es que el sumiso acepte el castigo, el sumiso debe aceptarlo para probar que está preparado para someterse para complacer al dominante. También como en el caso de los niños, está el miedo, porque siempre existe la posibilidad de que, de no mostrarse sumiso habrá un castigo extra, pero no es la razón más importante.

Otra razón es que al someterse voluntariamente al castigo, el sumiso está aceptando que se comportó mal y que merece el castigo. Es una forma de mostrar remordimiento.

Hay otra forma de verlo, si le gustan los castigos severos (y era también cierto en los castigos escolares). Se puede considerar el castigo como una lucha de voluntades. El que castiga va a hacer todo lo posible para lograr que el castigado se mueva. El castigado hará lo posible para no darle esa satisfacción. Si soportó el castigo, ganó, y su recompensa será que el castigo termine. Si se mueve, el amo ganó, y su premio es la posibilidad de dar algunos azotes extra. Es un forma de mostrar que “no dolió” (aún si dolió). Desde luego, no debe dejar que su sumiso gane si la intención era castigarlo. Un sumiso ganador será menos propenso a obedecer.

¿Y qué si está atado? Para mí, al menos, estar atado es una forma de sentirme realmente indefenso. No puedo hacer nada por detener el castigo, ni siquiera moverme para obtener un respiro. No importa cuanto dolió el último golpe, sólo puedo esperar el siguiente. Estoy en manos del dominante y recibiré tanto como quiera darme. No tengo elección. Y si estoy amordazado y ni siquiera puedo tratar de convencerla de que ya tuve bastante, el sentimiento de indefensión es total. Y como dominante, disfruto del sentimiento de poder de saber que ella está a mi merced (aún cuando, desde luego, sé que no puedo lastimarla realmente).

Otra razón para atar al sumiso es permitirle disfrutar el impacto del instrumento sin preocupaciones. No necesita concentrarse en mantener el equilibrio ni pelear al dolor para no moverse. Sin distracciones, sin elección. Tiene la libertad de sacudirse, debatirse y reaccionar plenamente al dolor sin limitaciones. Sólo el dolor del último golpe y la anticipación de más dolor por el siguiente.

Otra razón para atar al sumiso si el castigo va a ser duro, por ejemplo con la vara o con latigazos en la espalda, es evitar que se mueva, para tener un blanco estacionario. Cuanto menos se mueva el sumiso, menores las posibilidades de pegar en lugares peligrosos.

Así que, si busca que ella se quede quieta, o que disfrute plenamente el castigo, átela. Si busca sumisión, obediencia y remordimiento, déjela libre. Y siempre hay tiempo para atarla para un castigo más severo si no puede soportarlo.

 

 

Publicado: 12/07/06

 

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