La posición más usual es con el alumno parado en frente del profesor, y extendiendo su mano con la palma para arriba, a alguna altura entre el nivel de la cintura y el del hombro. Si piensa pegar a lo ancho de la mano, como se estila con la caña, y no a lo largo, el profesor debe estar al costado del alumno.
Extender la mano para recibir un golpe doloroso y dejarla allí hasta recibirlo no es fácil. En los tiempos en que los adultos debían ser obedecidos, la obediencia era una de las razones para ofrecer la mano. Otra razón era el temor de un castigo aún peor por no someterse. Y finalmente, y especialmente para los varones, y como el castigo era público, el orgullo. Sacar la mano antes de tiempo no es "de hombre", y la mayoría de los niños preferían el dolor a la humillación de ser considerados débiles.
Una posibilidad para ayudar al alumno a dejar la mano, es hacerlo extender ambas manos, apoyando una en la otra. Fue muy usada en las escuelas. Es algo más fácil no mover la mano si está descansando en la palma de la otra.

Finalmente, y usada especialmente para las niñas, que tenían mayor tendencia a sacar la mano ya que para ellas no era mérito mostrar fortaleza, era hacerla sentarse en el escritorio del profesor, subirle la falda, dejando los muslos descubiertos, y hacerle extender sus manos sobre los muslos. Si la alumna movía la mano, el azote pegaría sobre los muslos desnudos, que duele más que en las manos. Y desde luego, el golpe sería repetido, y la niña recibiría dos, uno en la mano y otro en la pierna.
Vea los diagramas en Posiciones
20 y 21.
Si el castigado no puede tener la mano quieta, se puede sostener de la muñeca, (pero si el castigado cierra la mano le pegará en los nudillos, con riesgo de lastimarlo) o puede mantener su mano abierta sosteniéndola como se muestra en el dibujo.

Si el alumno merecía más de un golpe, estos se daban alternando las manos. El alumno ofrecía una mano, recibía el golpe, ofrecía la otra mano, y así sucesivamente hasta terminar el castigo.
Si las manos estaban colocadas una sobre la otra, el alumno recibía la orden de invertir la posición de las manos después de cada golpe.
Otra posibilidad para evitar que el castigado mueva o cierre la mano, es atárselas, por la muñeca y los dedos, a algún objeto rígido, como el brazo de un sillón.
Podría hacerlo así:

Sólo no golpee con un implemento demasiado rígido o pesado, porque corre el riesgo de aplastarle los huesos de la mano entre el instrumento y el objeto de soporte.
Una última posibilidad, con instrumentos rígidos como la palmeta o la férula, (es difícil hacerlo con precisión con instrumentos flexibles), el alumno debía ofrecer ambas manos simultáneamente, una a cada lado, y los golpes eran dados derecha, izquierda, y así hasta completar, a un ritmo rápido.
En cuanto a los efectos, el ardor intenso del comienzo se convierte en un escozor, que quema hasta irse extinguiendo en alrededor de una hora. (Si no cede, si hay dolor agudo en algún punto o el castigado no puede mover libremente la mano después de algún tiempo, consulte a un médico).
Diviértanse, pero tengan mucho cuidado, por favor...
Publicado: 03/09/03
Rev: 11/03/03
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