(Thanks, Spanky Joe)
"Asistí a una escuela católica de varones en Londres desde mediados de los 80 al
comienzo de los 90, donde las azotainas eran algo normal, usualmente con una
caña y aplicados por el Director de la escuela, pero también por el Subdirector.
Recuerdo haber recibido la caña en dos ocasiones, cuando tenía 13 y 15 años,
ambas del Director.
Cuando tenía 13 años fue por llegar tarde, 5 minutos el lunes y no más de 3
minutos el viernes y pensé que era demasiado severo ser golpeado con la caña por
eso.
Tuve que presentarme en el despacho del Director a las 9 de la mañana, donde él
señaló que se sentía desilusionado conmigo por llegar tarde y preguntó si tenía
alguna excusa. No me atreví a discutir el punto (sólo 3 minutos tarde) por temor
a enojarlo más y tal vez recibir un golpe extra.
Como yo no tenía nada que agregar, tomó una caña de un armario cerrado, señaló
con ella la punta de un sofá, y me pidió que me inclinara sobre él,
separando las piernas. Cuando lo hice, dijo “espero que esté usando su suspensor”.
(El suspensor deportivo era obligatorio como protección, pero si uno no lo tenía
puesto y terminaba bajo la caña, dolería un poquito más).
Cuando estuve en la posición, levantó el borde de mi chaqueta y me dijo que
apoyara las manos en el almohadón. Pasaron unos segundos, lo oí hacer silbar la
caña en el aire, y luego de un par de toques en mis nalgas, el primer golpe dio
de lleno en medio de mi trasero, seguido en seguida del otro.
Me quedé allí unos 30 segundos hasta que el director dijo que me parara. Me
enderecé con los ojos a punto de llorar, pero me pude contener hasta salir del
despacho.
Cuando tenía 15 años fue por discutir con un amigo en el gimnasio. El Director
estaba haciendo una ronda cuando me oyó, y eso fue bastante. Asomó la cabeza a
la puerta pero continué discutiendo y gritando aún cuando lo había visto. Miro
atrás y pienso que podría haberme librado si hubiera parado cuando lo vi.
Fue horrible en el gimnasio, porque cada golpe resonaba tres o cuatro veces
alrededor del salón, era enfrente de la clase y el alumno tenía que inclinarse
sobre un aparato llamado la barra.
Tuve que doblarme sobre la barra y tocar mis pies antes de recibir dos golpes.
Infortunadamente me moví y recibí un golpe extra que me hizo retorcer y comenzar
a llorar. Estaba realmente avergonzado por llorar delante de todos, pero el
dolor era tan severo que sólo pude dejarlo salir.
Spanky Joe"
Publicado: 23/08/06
(Thanks, Adrian)
"Este es un episodio de mis días de escuela como internado en
un colegio en 1970.
La ofensa fue trivial, estar fuera de la cama y hablando después de apagadas las
luces. Nos ordenaron presentarnos al prefecto que nos había descubierto
inmediatamente después del desayuno. Obviamente, no dormimos bien esa noche.
Obedientemente nos presentamos en la oficina del prefecto a la hora indicada.
Después de un corto regaño sobre nuestra falta, nos dijo que fuéramos a nuestro
dormitorio, nos desvistiéramos, nos presentáramos en el baño adyacente con una
toalla y comenzáramos a llenar con agua fría una de las bañeras. Lo hicimos.
En el baño hacía frío aún esperando . No había calefacción, y era febrero en East
Anglia, había hielo afuera. Cuando el prefecto llegó lo primero que hizo fue
controlar el agua para ver que no hubiera sido templada con un poco de agua
caliente. No lo había sido, y recuerdo que quedó impresionado con la baja
temperatura, sacudiendo su mano para librarse del agua fría ¡en la que nosotros
estaríamos sumergidos!
Como yo era el menor de los castigados tenía que esperar hasta el final. Tuve
entonces que soportar los gemidos y gruñidos de los primeros en ser castigados.
Había asumido que tendríamos que sumergirnos y salir. No hubo tal suerte. A
los muchachos que entraban se les decía que el agua debía cubrirles los hombros.
Entonces comenzaba el tiempo y el prefecto anunciaba que el muchacho sólo podría
salir después de completar 2 minutos.
Cuando llegó mi turno estaba más que ansioso. Recuerdo el intenso frío en los
pies cuando entré en la bañera. También recuerdo el impacto y el total malestar
mientras me sentaba. Pero esto no era suficiente para el prefecto, quien me
gritó que si no me apuraba y me sumergía hasta los hombros en el agua agregaría
más tiempo. Recuerdo el dolor en todo el cuerpo y que temblaba. El tiempo
parecía no transcurrir, y empecé a temblar más. Finalmente, se me permitió salir
y vestirme. Tuve períodos de temblores todo el resto de la mañana.
Retrospectivamente, esto fue físicamente más desagradable que cualquier paliza
que hubiera recibido, ya que nunca recibí en mis tiempos de escolar más de 3
golpes con la caña sobre las nalgas con ropa. Había ciertamente una parte de
dominación en este escenario, ya que le prefecto estaba vestido mientras que los
castigados debían desnudarse.
Pienso que era horroroso que a un prefecto de 17 años se le diera tal autonomía
y poder, pero esta era una escuela en la que los azotados por algunos profesores
podían esperar que cada azote rompiera la piel, aún estando vestidos; no es de
sorprender que sus moretones ¡duraran 4 semanas! Causar tal sufrimiento debería
reservarse para adultos que consienten.
Adrian"
Publicado: 28/03/07
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