(gracias, Shade)
"En mi pueblo eran muy religiosos. Mi padre en especial era muy idólatra de la
doctrina cristiana y tenía una forma muy extraña de criarnos a mí y a mis 5
hermanos.
En casa éramos 4 hembras y 2 varones. A nosotras nos obligaba a vestir faldas
largas y blusas cubridoras, al igual que a mi madre.
El ritual de los castigos era el siguiente: en las noches nos reunía a todos
para leer la Biblia en la sala y cuando alguien cometía una falta, luego de la
lectura nos hacia ponernos de pie y confesar. Luego nos teníamos que desnudar y
arrodillarnos frente a un cuadro de la imagen de Jesús y ahí nos azotaba con una
vaqueta (instrumento de cuero utilizado para guardar los machetes y cuchillos de
trabajar la tierra) en la espalda. Lo peor era que nos hacia contar los azotes y
eran muy dolorosos.
Mi padre nos azotaba por cualquier cosa; todo lo consideraba inmoral y demoníaco
y hasta le pegaba a mi madre, era muy muy machista...
Una vez recuerdo que un domingo no fui a la iglesia por irme al río con mis
amiguitas. Al regresar a la casa me tomó por los cabellos, me hizo desnudar,
tomó su vaqueta y me azotó sin piedad alguna en la espalda, pero consideró que
mi falta era muy grave así que me puso en pie y por primera vez recibí azotes en
mi trasero y hasta en mi vagina, yo gritaba de dolor y pedía piedad y él se
mantenía firme, hasta que se detuvo.
Luego me llevó al granero y me dejó llorando allí, sola y a oscuras. Esto fue
cuando tenía 14 años.
Shade"
Publicado: 21/06/06
(Gracias, Silvia)
"Hola, soy Silvia y quiero enviarles un recuerdo de la palizas que recibí de mi
padre.
Me azotaron frecuentemente desde que tengo uso de razón hasta los 18 con un
látigo de cuero trenzado con tres puntas, cada una con un nudo al final y
cuyo nombre es sanmartin que mi padre tiene colgado tras de la puerta de la
cocina de mi casa.
La rutina casi siempre fue la misma, la paliza me la daba en mi dormitorio, al
borde de la cama y con las nalgas al aire las cuales mojaba para que el
sanmartín hiciera el milagro de corregirme (eso decía). Además eran 9 los azotes
pues decía que uno por el Padre, por el Hijo y el Espíritu Santo y eso lo
repetía tres veces.
Una vez fue por pelear con mi hermanito de 6 años a quien de un golpe saqué
sangre de la nariz (yo tenía 7). Mi padre, luego de atenderlo tomó el látigo y
una jarra con agua, me tomó del brazo y me subió a mi dormitorio y cerró la
puerta. Yo ya iba llorando; me dijo que eso no volvería a hacerlo nunca más en
mi vida mientras me bajaba el pantalón y ropa interior y me colocaba al borde de
la cama. Me agarró las manos a la espalda con una de sus manos y con la otra me
mojó las nalgas, de inmediato me dio el primer azote (Padre) que me hizo saltar
y gritar por el tremendo dolor y así continuó el segundo (Hijo) que parecía ser
más fuerte y el tercero (Espíritu Santo) más aún. Cada azote parecía más fuerte
que el anterior, y así continuó hasta el noveno.
Me dejó llorando tratando de frotar mis pobres nalguitas que estaban intocables
por las marcas que me duraron más de una semana.
Silvia"
Publicado: 21/06/06
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