(gracias, Alejandra)
"Me llamo Alejandra y nací en una zona de Antioquia, donde viví toda mi
infancia. No tengo padre desde pequeña. En mi zona es normal azotar a los niños
con correas, con vergajos o con varas. Las cuerizas suelen ser habituales.
Mi madre nos educó a mí y a mis hermanas a base de cuerazos. Las palizas eran
frecuentes en mi casa. Yo recuerdo haber recibido cera de la fuerte sobre todo
desde los 7 años (con 5 ya me azotaban, no muy fuerte) hasta los 16, cuando me
escapé de casa, harta de tanto palo. A mis hermanas también las azotaba pero
nunca veíamos el castigo, sólo lo oíamos. Luego ellas veían mi culo o yo el
suyo.
Me castigaba por cualquier cosa, por reprobar, por regañar con mis hermanas, por
no querer comer, por cualquier queja...
Lo normal era que me dieran una buena cueriza con correa pero yo tenía verdadero
miedo al cable o al vergajo. Sólo los utilizaba cuando la falta era muy grave,
como reprobar o cuando una vez la maestra me votó de clase, aquella vez me dio
bien duro cuando lo supo. Uff, eso era terrible. Aun tengo pesadillas.
El ritual era casi siempre el mismo. Me llevaba arriba de la casa y me hacia
bajar las braguitas, me desnudaba toda de cintura para abajo. Me ataba a un
gancho, en el techo, y me azotaba sobre todo con una gran correa. Me daba del
orden de 20 a 30 cuerazos.
La cueriza me dejaba el culo rojito, lleno de marcas. He de decir que mi madre
me daba bien duro. Era una mujer muy fuerte y muy dura. También debo decir que
estaba acostumbrada a recibir todo tipo de azotazos.
Recibí palizas de 3 a 4 veces por semana, algunas veces dos grandes palizas por
día. No me gusta acordarme de aquello, algunas veces lloro sin saber por qué.
Pero también reconozco que me excita cuando leo algunas palizas de otras
personas en su infancia
Alejandra"
Publicado:23/11/05
(gracias, Carlos)
"No he tenido castigos en mi niñez, pero tengo el relato, cuando niño, de una
vecinita, de 9 años. Me contaba que en la casa de ella tenían una planta de
mimbre (o de membrillo, no estoy ahora seguro) y que los padres utilizaban las
varas para azotarla a ella y a sus dos hermanitos.
Los padres colocaban las varas en un balde con agua con vinagre, para
mantenerlas flexibles. Y cuando ella y sus hermanitos veían ese balde les
entraba el terror porque ya sabían lo que sobrevendría. Me contaba también que
el silbido o ruido en el aire que hacían las varas cuando probaban su
flexibilidad era terrible.
Para recibir el castigo tenían que colocarse boca abajo sobre una silla o banco,
arrodillada, y recibía los varazos en el trasero y los muslos. Me decía que le
ardía mucho el trasero luego de cada paliza.
Pero, lo especial que recuerdo es que la hacían arrodillar sobre maíz, manos en
la espalda, frente contra la pared, en un rincón que quedaba cerrado al abrir la
puerta, formando un triángulo. La madre la amenazaba "te voy a
meter en el triángulo" (y cumplía). Allí la dejaba bastante tiempo, siempre luego de
azotarla.
La niña me contaba todo eso muy avergonzada. Creo ahora que le complacía
asustarme con lo que me contaba, que era real, porque desde mi casa muchas veces
se oía el llanto y gritos de los protagonistas. Y si por pudor infantil nunca me
mostró los moretones o marcas en su cola, sí me mostró los de los muslos. Y sé
que la planta de varas estaba allí.
Carlos"
Publicado: 08/03/06
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