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Castigos hogareños (niñas,3)

 

Guatemala, 70's

(Gracias, Ingrid)

"En Guatemala es muy usual, aún en estos tiempos, disciplinar corporalmente a los hijos. Antes las personas lo aceptaban y era más público, ahora se sigue haciendo, pero en forma un poco más privada, por no decir hipócrita.

En mi casa la disciplina la aplicaba mi papá. Si estaba en casa nos pegaba inmediatamente y si no estaba, mi mamá "le daba la queja". En ambos casos me mandaba al cuarto, SU cuarto, una vez allí debía desnudarme de la cintura para abajo y acostarme boca abajo en la cama, con las piernas colgando. Mi papá llegaba, abría su armario y sacaba el cinturón de las "cinchaceadas" (¡cómo le temíamos a ese cinturón!....y a mi papá también).

 

El decidía, de acuerdo a la falta cometida, el número de cinchazos a recibir. No creo que hayan sido menos de cinco. Regularmente me dejaba las nalgas marcadas....¡y como ardían!!!. La amenaza en casa era: "te voy a dar cincho...", "te voy a dejar las nalgas de verde y morado".

Cuando nos castigaban a mi hermano mayor y a mi juntos, él entraba al cuarto primero, yo permanecía afuera escuchando el sonido de los cinchazos al golpear en sus nalgas desnudas, su llanto y gritos de dolor. Sentía un vacío horrible en el estómago pues sabía que en cuanto terminara con él...iba a seguir conmigo.

Me castigaron desde los 5 hasta los 12 años.

Ingrid"

Publicado: 12/11/04

 

 

España, final de los 80

(Gracias, Cristina)

"Me llamó atención leer algo que siempre intriga, el ritual del castigo a una niña, por ello quiero sacar a la luz algo que jamás he comentado, y que es rigurosamente cierto.

En mi infancia podría retroceder bastante, pues como es lógico me dejó muy marcada. Recuerdo perfectamente como mi madre se enfadaba conmigo, por no comer, por no estudiar y le daba mucha rabia que después de peinarme y arreglarme, me ponía hacer pis y yo no tenía ganas, pero cuando estaba en la calle ya me entraban.

La mayoría de las veces "iniciaba el ritual" que siempre era el mismo. Cogerme fuerte muy fuerte del brazo y subir a casa. Traspasada la puerta las manos, en lugar del brazo, pasaban a mi melena, que todavía dolía más, medio arrastrada al cuarto de mi madre.

Cerraba la puerta con el pestillo, aún escucho el ruido. En la casa en estos momentos, "casualmente", nunca había nadie. La radio empezaba a sonar, mi madre se sentaba siempre en la misma silla de paja, a empujones me arrojaba encima de sus piernas y yo ya empezaba a llorar desconsoladamente. Me subía la falda, acto seguido bajaba mis bragas hasta los tobillos y empezaba la azotaina y las amenazas: “me voy a comprar un látigo para no hacerme daño en las manos”, “callate o no pararé de darte”, “te voy a coser la raja para que no vuelvas a pedir de mear”. . .

Cuanto más lloraba más me daba, en el carrillo derecho luego el izquierdo, pero entre azote y azote, cuando recordaba que la había hecho subir para mear metía sus largas uñas entre mi vulva arañándome.

El castigo era largo, recuerdo que mi madre reía, que cambiaba su cara, me daban miedo sus ojos...

Cuando se cansaba me mandaba al baño. Una vez allí después de orinar me miraba a escondidas el culo en el espejo y me producía placer, por ello las ganas de mear unas veces eran ciertas y otras buscando el "ritual".

Nunca lo entendí: a mí me dolía pero me gustaba y estoy segura que a mi madre también y quizá más.

Me castigó desde que recuerde, y hasta los 13 o 14 años. Esta es mi historia, de la que cada uno puede ser las conclusiones que desee.

Cristina"

Publicado;17/05/05

 

 

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