(thanks, Jon)
"Nací en 1964 y crecí en el Reino Unido.
Desde los 7 años viví con mi padre y mi madrastra. Ambos eran estrictos, pero
principalmente mi madrastra, que era la que me daba las nalgadas y chinelazos.
Al principio, la recuerdo pegándome nalgadas. Si me portaba mal, me enviaba a
pararme afuera de mi dormitorio, mirando a la pared. Cuando ella subía,
entrábamos al dormitorio, y si tenía suerte recibía un regaño, si estaba con
mala suerte tendría que bajarme los pantalones y el calzoncillo y echarme sobre
sus rodillas para ser nalgueado. Ella tenía un extraño pequeño ritual, donde yo
tenía que contar las nalgadas, slap “uno”, slap “dos”, etc, etc.
Me dijo un par de veces que me pegaría con la chinela y lo hizo cuando yo
tendría nueve años. Llegué tarde de la escuela, había ido a la casa de unos
amigos sin decirle, mentí, lo descubrió y así fui introducido a la chinela.
La chinela no era una pieza de calzado blanda, era una Sandalia de Ejercicios,
con una gruesa suela de goma. En lugar de ponerme sobre sus rodillas, tenía que
doblarme sobre una silla y, desde luego, tenía que contar.
Este fue la primera de muchas azotainas con la chinela que me dieron por mal
comportamiento, y que continuaron hasta bien avanzada la adolescencia. Podía
recibir hasta doce azotes.
En un par de ocasiones me pegaron con la caña en las manos en la escuela. Llegar
a casa con las manos rojas ¡significaba otra azotaina con la chinela!
Jon"
Publicado: 08/03/06
(thanks, Russian Belt)
"Crecí en el Reino Unido en los 70s y mi padre me azotaba siempre sobre las
rodillas con un cinto. Venia de Rusia, donde esa era la forma normal de castigo.
Recuerdo que cuando mi padre me regañaba verbalmente yo mantenía la vista en sus
manos para ver si iba a sacar el cinto. A veces tenía suerte, pero estaba muy
tenso viendo si escapaba a los azotes.
Pero cuando comenzaba a soltarse el cinto sabía que estaba en problemas.
Entonces no decía nada. Me tomaba y me arrastraba a una silla o me llamaba.
Luego se sentaba, y en unos segundos tenía mis pantalones y calzoncillo bajos y
estaba sobre sus rodillas. Si no podía quedarme quieto usaba su otra pierna para
evitar que pataleara y sostenía mi otro brazo atrás de mi espalda. Los azotes
eran fuertes y rápidos y cuando terminaban, me permitía frotarme el trasero y
levantarme los calzoncillos y pantalones.
Mi madre puso fin a los azotes cuando yo tenía alrededor de 7 años.
Russian Belt"
Publicado: 13/09/06
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