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Castigos hogareños(niños, 5)

 

Brasil, década del 80

(original en portugés, obrigado, Asdrúbal)

"Como me lo pidió, le describo como me zurraban en la infancia. Solamente mi madre me pegaba, mi padre nunca lo hizo.

Mi madre no tenía mucha imaginación, nunca me hizo esperar por una zurra, me pegaba enseguida de descubrir la falta (ella misma tomaba el instrumento).

Usaba una sandalia de goma, las populares sandalias hawaianas, usadas para castigar a los niños en Brasil por más de 40 años. Nunca me pegaron con el cinto, la vara, u otros objetos. Tampoco me pegaba sobre las nalgas desnudas o sobre su regazo. Me pegaba de pié o acostado en la cama, sobre la ropa, en el trasero, como máximo unos 20 chinelazos.

Eran zurras livianas y banales. Después de la paliza, quedaba encerrado en casa, sin diversión alguna, por días o semanas.

Me pegó pocas veces, prefería dejarme encerrado en casa.

Asdrúbal"

Publicado: 24/02/05

 

España, comienzos de los 80

(Gracias, Grego)

"El castigo físico que mas recuerdo desde que tengo uso de razón son las bofetadas en la cara con la mano abierta, en ocasiones estos bofetones se convertían en verdaderas "somantas de hostias". Este castigo era aplicable a cualquier falta, contestar mal, sacar malas notas, no cumplir mis obligaciones, etc.

Recuerdo especialmente la primera vez que me azotó. Tendría 15 o 16 años cuando llegue a mi casa tarde y además borracho. Cuando llegué mis padres me acostaron.

A la mañana siguiente cuando desperté mi padre me sentó en una silla, me dio cuatro hostias que me dejaron la cara marcada durante al menos 4 días, me explicó que no lo había hecho la noche anterior cuando entré en casa porque seguramente debido a mi borrachera no me acordaría de ello al día siguiente y me dijo que lo acompañara al garaje de la casa.

Cuando estuvimos en el garaje me hizo quitar la camisa, apoyar las manos en la pared, se quitó el cinturón y me dio unos buenos correazos. Calculo que serían unos 15 correazos.

Cuando hubo terminado me dijo que no subiera por las escaleras que llevaban directamente a la casa, si no que saliera sin la camisa por la puerta del garaje y entrara por la puerta principal, para que cualquier vecino que me hubiera visto llegar a casa en aquel estado de embriaguez la noche anterior pudiera ver también las consecuencias de mis actos, ya que si yo era lo bastante mayor como para emborracharme también lo era para recibir esa paliza. Supongo que fue una forma de humillarme aún más.

Hasta este momento no me había azotado, sólo me abofeteaba, y a partir de aquí la forma de recibir mis castigos fue siempre la misma, en el garaje con el cinturón y la espalda desnuda, aunque la única vez que me hizo rodear la casa para mostrar las marcas fue esta que he descrito.

La historia es totalmente cierta, de eso puedes estar seguro,

Grego"

Publicado: 29/06/05


 

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