(niñas
(Gracias, Víctor)
"Desde los 6 hasta alrededor de los 14 años, me castigaban cuando la falta era muy grave por ejemplo, quitarles el dinero, arruinar algún aparato eléctrico, etc.
Una vez descubierto me llamaban, muy enojados, yo ya sospechaba y me tardaba en llegar, lo cual empeoraba la situación, ya que los hacia enojar más y me iban a traer con violencia. Yo ya lloraba sabiendo lo que vendría a continuación.
Me hacían quitar toda la ropa, y una vez desnudo, me llevaban al patio delantero de la casa, lo cual era mas vergonzoso, porque allí me miraban todos los vecinos. Me hacían hincarme en piedras pequeñas lo que hacia incomodo el castigo. Ponía las manos en la cabeza y allí empezaba el castigo.
Me pegaban con lo que tenían a la mano, por ejemplo, un cable eléctrico, lo cual se podrán imaginar lo que duele y como deja la piel, con un una rama de un árbol, con ganchos de ropa de madera, dándome en la espalda, piernas, trasero, hasta que se cansaban y dejaban de pegarme. En todo este tiempo de castigo yo lloraba y les gritaba a los vecinos que se fueran, que no me vieran, que no fueran metidos etc..
Luego que terminaban de castigarme, me dejaban hincado y a la vista de todos, lo que hacia peor el castigo, lleno de pena de mi desnudez.
Victor"
Published: 22/10/04
(Gracias, Nicolaz)
"Desde que tengo memoria he recibido castigos físicos, ya sea por mala educación, malas notas desobediencia etc.
La correa, el cinturón de mi papá, la “cáscara de ganado” como él la llamaba, siempre fue un punto influyente en mi educación, y también, excepcionalmente, la "chancleta" de caucho, esta como hasta los 8 años, cuando la correa no estaba a la mano.
El ritual de la chancleta siempre era el mismo, Por ejemplo, cierto día que no le quise obedecer, mi papa se puso la mano en el lugar del cinturón, como no lo tenia a la mano tomó la chancleta. Cuando sucedía esto yo ya sabia que era mejor recibir el castigo, puesto que si escapaba, le daba tiempo para que buscara la correa y era peor para mí.
Entonces me tomaba de una oreja, y me llevaba al cuarto, o delante de mis hermanos, me volteaba, y daba unos cuatro o cinco golpes con la chancleta sobre mis nalgas y luego me encerraba en mi cuarto. Esto no era tan duro, puesto que con la chancleta, tan sólo me calentaba las nalgas un poco, y se enrojecían pero pasaba rápido.
Cuando la correa estaba a mano, que era casi siempre, las azotainas eran más fuertes, la última vez que recuerdo que me azotaron con la correa fue a los trece años por perder el año escolar.
Casi no había ritual con la correa, simplemente el día que me tocaba, empezaba la tunda sin aviso previo, como una vez que me dio dinero para pagar el colegio y me lo gasté.
No sabia que hacer, la correa de mi papa era de cuero puro, y a lo que más le tenía miedo en el mundo era una azotaina de él, pero en fin, llegué en la tarde y le dije que había gastado el dinero. Ese día no tenía la correa puesta, me mando traerla, yo ya sabía lo que me esperaba. Subimos a mi cuarto, y me tomo del brazo, y sobre mis nalgas empezó a darme corrazos, me dio como 10 en esa ocasión.
Después miraba en el espejo del baño de mi alcoba el trasero, los muslos completos en general, para ver que marcas habían quedado, que tan rojo se veía.
Lo peor era al día siguiente, en el colegio en clase de deportes, el mostrar que casi no me podía sentar, y como era una pantaloneta bastante corta, se veían las marcas de la correa en mis muslos.
La última vez que me castigaron con la correa fue a los trece años, y ahora que tengo 18, aun siento miedo al ver el viejo cinturón que era de mi padre.
Nicolaz"
Published: 11/12/04
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