Azotar, sea con nalgadas, latigazos o como sea, ha sido propuesto como cura
para muchas enfermedades a lo largo de la historia. Se dijo que funcionaría
“revolviendo los jugos estancados del cuerpo, disolviendo las precipitaciones de
sales, purificando los humores coagulados del cuerpo, clarificando el cerebro,
purgando el vientre, haciendo circular la sangre y tonificando los nervios”.
Nada menos.
Se ha usado como tratamiento para la holgazanería, la locura, la depresión y
casi cualquier otra enfermedad conocida. Se usó para curar la impotencia sexual,
probando que no sólo nosotros los “pervertidos” podemos ser excitados por una
buena azotaina (o que nuestras reacciones son más normales que lo que se acepta
comúnmente)
Durante la Plaga Negra del siglo XIV los azotes se recomendaron tanto para la prevención cuanto para la cura de la enfermedad. En los registros de muchas ciudades se pueden encontrar asientos como
"Pagado a Thomas Hawkins por azotar a dos personas con viruela, 8 peniques" o "Pagado por cargos por recibir a una mujer demente, cuidarla y azotarla al día siguiente, 8/6 peniques"
Pero no todo quedó en el pasado. Encontramos dos casos en los que aún hoy se proponen azotes por su valor curativo.
Las terapias de aversión tratan de cambiar o suprimir un comportamiento que
se considera dañino o indeseable relacionándolo con un resultado desagradable.
Ese resultado desagradable puede producirse por diferentes medios, uno de los
cuales, por supuesto, son los azotes. En este caso, se llaman “terapias de
azotes”.
Para este tratamiento el terapeuta (que puede ser realmente un terapeuta, un
azotador profesional – hay algunos – o un amigo o pariente) y el paciente
acuerdan cuales son los comportamientos no deseados y el castigo por cada uno.
Luego establecen un calendario de citas, usualmente una sesión por semana, en la
cual se discutirá el comportamiento y se castigarán las fallas, de ser merecido.
Si el paciente falló, debe aceptar el castigo sin protestas. Los castigos son
graduados en severidad de acuerdo a la seriedad de la falta o su reiteración.
Algo así fue propuesto por Dorothy Spencer en su “plan de azotes” en las “Nalgadas
para mozas solteras” o en nuestro propio programa para adelgazar. Esta técnica
de modificación del comportamiento, en forma menos consensuada, ha sido usada
por padres y maestros durante la mayor parte de la historia, como muchos de Uds.
sabrán de primera mano (o ¿de primer cinto?).
Esta terapia es mal vista por la comunidad médica convencional, no por que sus
fundamentos sean erróneos o por no ser efectiva, sino por que puede llevar
fácilmente al abuso (por mi parte, me encantaría que me pagaran para azotar
pacientes femeninas, pero dudo que sería ético).
Un grupo de científicos rusos del Instituto de Higiene de Novosibirsk, en
Siberia propone la vara (cane) como cura para la adicción al alcohol y los
narcóticos, así como para la depresión, tendencias suicidas y enfermedades
psicosomáticas. Los proponentes principales de la cura son el biólogo Dr. Sergei
Speransky (conocido por otros estudios no ortodoxos), el psicólogo Dr. Guerman
Pilipenko y la psiquiatra Dra. Marina Chujrova..
De paso, Novosibirsk, la capital de Siberia, es conocida por sus universidades y
centros de investigación de primer nivel, así que estos no son científicos
marginales del fin del mundo, sino profesionales reputados de la comunidad
científica rusa.
En un artículo llamado “Medios de impacto doloroso para la cura de
comportamientos adictivos y otras manifestaciones de actividades no-vitalísticas”
(infortunadamente, no lo pudimos encontrar) proponen que estas dolencias son
causadas porque el paciente perdió su interés en la vida. Esto se correlaciona
con un descenso en la producción de endorfinas por el cuerpo.
Las endorfinas provocan sentimientos de euforia, el descenso del apetito, la
liberación de hormonas sexuales y una mejora de la repuesta inmunológica. Son
liberadas por el cuerpo principalmente para aliviar el dolor, y son la razón
para que sustancias similares – como la morfina – funcionen, ya que se conectan a
los mismos receptores del cerebro.
La Dra. Chujrova dice que los adictos al alcohol o a las drogas “tienen dañada
su sensibilidad al dolor, distorsionada por el cuerpo, y tenemos que hacerlos
sentir dolor para activar la síntesis de endorfinas” (¿una forma moderna de
decir “revolver los jugos estancados del cuerpo”?) Agrega que al principio a los
pacientes no les gustan las sesiones, pero a medida que comienzan a sentir los
beneficios “siguen viniendo por más”.
El Dr. Pilipenko explica que la sesión, apoyada por psicoterapia individual
antes y después de los azotes, comienza con una preparación en la que todo el
cuerpo es golpeado con suavidad con varas delgadas, luego de lo cual se dan los
azotes reales en las nalgas con una vara más gruesa.
Dice que, además de la liberación de endorfinas, la cura se ha alcanzado en un
50% si el paciente llora. “Los sollozos no son causados por el dolor”, explica,
“sino por la salida a la superficie de los traumas profundamente alojados que
causaron la adicción”.
El tratamiento recomendado consiste en 60 sesiones de 30 varazos cada una,
asestados por una persona de constitución normal (y están cobrando alrededor de
100 dólares la sesión).
El Dr. Speransky, que dice haber curado su propia depresión con sesiones
repetidas de auto-flagelación, dijo al periódico Izvestia “La terapia de azotes
es mucho más eficiente cuando el paciente recibe el castigo de una persona del
otro sexo. El efecto es asombroso; el paciente comienza a ver sólo colores
brillantes en el mundo circundante, la pena desaparece, aunque, desde luego,
lleva cierto tiempo que las nalgas se curen”. “El tratamiento funciona”, dice,
“No soy sádico, al menos en el sentido clásico” (por el bien de sus pacientes,
esperamos que sea cierto) “pero recomiendo los varazos”
Algunos médicos objetan que hay métodos menos agresivos para liberar las
endorfinas, como comer chocolate, hacer ejercicios o tener sexo, a lo que el Dr.
Speransky responde “entonces, coma chocolate, haga ejercicios, y reciba los
azotes, para incrementar los beneficios”
Sobre las terapias de aversión, muchos padres han experimentado los
beneficios de una buena azotaina en el comportamiento de los niños. Los castigos, corporales o de otra índole, han sido usados a lo largo de
la historia y se usan aún hoy en día, así que las terapias de aversión tienen
una larga tradición y la mayoría de la gente piensa que funcionan.
Y podemos vernos reflejados en los comentarios de los investigadores de
Novosibirsk. Muchos sumisos piden una paliza para aliviar la ansiedad, así que
no necesitamos que estos doctores rusos nos digan cuán buena es una
azotaina, cuán vivo uno se siente durante y después de unas nalgadas, como uno
comienza “a ver sólo colores brillantes en el mundo circundante”. Y seguro que
unos buenos sollozos liberan muchos sentimientos reprimidos.
Y para todos nosotros los azotes se aprovechan más si son asestados por una
persona del sexo preferido para las relaciones sexuales que, usualmente pero no
siempre, es el
opuesto (investigadores de Novosibirsk, por favor notar la diferencia).
Así que, de acuerdo a nuestra experiencia en azotainas, este tratamiento ruso
podría también funcionar. Si lo que estos doctores dicen es cierto y para que el
tratamiento fuera efectivo, mucha gente debe reaccionar a los azotes como lo
hacemos nosotros. Si es una forma normal de reaccionar, no somos “raros”. Sólo
descubrimos por accidente lo que estos doctores proponen, y lo usamos en
nuestras vidas. De paso, si esto es cierto, debería haber menos problemas de
adicción y depresión entre los aficionados a recibir azotes que en el resto de la
población. Habría que investigarlo.
Finalmente, el Dr. Patrick Magee, un experto en comportamiento sexual basado en
el Bolton Institute del Reino Unido dice “Hay alguna evidencia de que el juego
de roles y los elementos de dramaturgia de las azotainas pueden tener efectos
calmantes y terapéuticos en la gente que los juega”. ¿Alguna otra novedad…?
Publicado: 25/10/06
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