Flagrum, Scutica y Ferula
Los azotes eran un castigo común en la Antigua Roma.
Los romanos usaron varios instrumentos para azotar
- Varas de olmo se usaban para azotar a los hombres libres.
- Como castigo militar, los centuriones (oficiales) usaban los bastones de parra, laurel o mirto (arrayán) que llevaban como símbolo de su rango para azotar a los soldados por sus faltas.
- Para castigar a los esclavos o criminales existían varios tipos de látigos
- la ferula o lōrum, una correa de cuero
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la scutica, un látigo con las colas hechas de pergamino retorcido
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el flagrum o (más pequeño) flagellum un látigo con dos o tres colas con pequeñas mancuernas metálicas en las puntas

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Variaciones del flagrum fueron el astragala, con astrágalos de carnero en lugar de las mancuernas, y el scorpion, con espinas o ganchos metálicos, para desgarrar la carne.
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Había tres formas de azotes judiciales:
- fustigatio, una azotaína menos severa, dada por ofensas relativamente leves, como vandalismo, y acompañada por una severa advertencia
- flagellatio, una golpiza severa para crímenes más serios
- verberatio, la más severa, usada usualmente como preludio a otros castigos, como la crucifixión.
La ley no establecía el instrumento del castigo ni la cantidad de golpes. El tipo e instrumento de castigo quedaban a decisión "lictor" que comandaba la ejecución.
Los castigos judiciales eran dados con el castigado atado a una columna baja, o acostado en el suelo, para poder azotarlo desde ambos lados de la espalda. El condenado era castigado por varios "lictors" o por verdugos (carnifex) hasta que quedaban exhaustos, o eran detenidos por el oficial a cargo.
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Según establecían la "lex Porcia" y la "lex Sempronia", del 195 and 123 AC, los romanos no azotaban a sus ciudadanos.
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La sociedad romana estaba dividida en dos clases los "honestiones" (honorables) y los "humiliores" (personas humildes de baja condición). Los azotes sólo se aplicaban a estos últimos y a los esclavos, por ser considerados infamantes, pero en los siglos II y III esa pena se amplió a los "honestiones" por delitos especiales como traición.
Y desde luego, podía ser usado para azotar extranjeros, como la reina celta Boudicca (o Boadicea, para los romanos). En el año 61 AC, cuando Prasutagus, el rey de los icenos, murió, dejó en herencia la mitad de sus posesiones al emperador Nerón, y la otra mitad a su esposa Boudicca y sus hijas. Los romanos, para quienes una mujer no podía ser legalmente heredera, confiscaron todas sus posesiones, e hicieron responsable de sus deudas a la viuda. Como esta no podía pagar, la desnudaron y la azotaron públicamente (y azotaron y violaron a sus hijas). La leyenda dice que sufrió los azotes sin emitir un sonido y la historia dice que, cuando fue liberada, encabezó una de las más violentas rebeliones contra Roma en su historia.
Jesús también fue azotado bajo la ley romana con el flagrum. Era usual azotar a los que iban a ser crucificados, para acelerar su muerte. En el caso de Jesús, los azotes probablemente fueron el último recurso de Poncio Pilatos para evitarle la crucifixión, así que fue probablemente condenado a un flagellatio. Recibió numerosos azotes, los que lo dejaron en muy mal estado físico, tanto que cayó varias veces cuando transportaba la cruz, y finalmente tuvo que ser ayudado por Simón.
Así describe el Dr. C. Truman Davis, un experto en la crucifixión, los resultados de los azotes: "El pesado látigo es descargado con toda la fuerza sobre los hombros, espalda y piernas. Al principio, las pesadas colas cortan sólo la piel. Al continuar, los golpes cortan profundamente en los tejidos subcutáneos, produciendo primero un goteo de sangre de los capilares y venas de la piel, y finalmente el derramamiento de sangre arterial de vasos en los músculos subyacentes. Las bolillas de plomo producen primero moretones grandes y profundos, que los siguientes golpes cortan. Finalmente, la piel de la espalda cuelga a tiras, y el área se convierte en una masa irreconocible de tejidos desgarrados y sangrantes".
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Como un posible documento de una flagelación romana, el Santo Sudario de Turín (una tela probablemente del primer siglo, en el cual ha quedado impreso el negativo de un cuerpo con signos de haber sido azotado y crucificado), muestra que el hombre que habría sido envuelto en él (y que la tradición dice que fue Jesús) fue azotado por dos personas, una de la derecha y otra de la izquierda, con látigos de dos y tres colas, con exactamente las mismas características descritas más arriba para el flagrum. El hombre fue azotado con los brazos extendidos.
Los romanos podían azotar a sus esclavos, y lo hacían frecuentemente. La ley establecía, para el mismo crimen, castigos más severos para los esclavos que para los hombres libres.
Los esclavos no tenían derechos, la ley romana los consideraba objetos sujetos a ser poseídos, lo mismo que el ganado y las mujeres (has recorrido un largo camino, muchacha) y podía ser azotados con varas o látigos a voluntad por sus amos, por la menor falta o para entretenimiento de los hombres libres.
A veces las victimas eran azotadas por el carnifex o lōrārius (de lōrum,
correa, un esclavo usado para azotar) colgadas de las manos, con un peso atado a los pies, como se hacía también con los esclavos modernos.
Los esclavos eran castigados severamente, y las mujeres eran tan adictas al látigo como los hombres. Se dice que una mujer romana podía hacer que su esclava la sirviera desnuda de la cintura hacia arriba, para poder azotarla más fácilmente con el látigo sobre su espalda para castigar las menores faltas.
Una frase irónica de Marcial evidencia el castigo de un esclavo por una falta tonta "Dices, Rufus, que tu conejo no está bien cocido, y pides un látigo. Prefieres cortar a tu cocinero antes que a tu conejo".
También se azotaba por otras razones, aparte de hacerlo como castigo. Había una festividad religiosa llamada Lupercalia (de lupus, lobo) dirigida por sacerdotes paganos llamados Luperci. Se celebraba en la cueva Lupercal en el monte Palatino, en Roma, donde la tradición dice que Rómulo y Remo fueron alimentados por una loba antes de fundar Roma. Dos sacerdotes desnudos con la ayuda de vírgenes vestales sacrificaban un perro (probablemente en reemplazo de un lobo) y algunos carneros. Vestidos con taparrabos hechos con el cuero de los carneros, corrían por las calles de Roma azotando a la gente con lo que se llamaba februa (medios de purificación), que consistían en correas hechas también con el cuero de los animales sacrificados. Las mujeres, especialmente, se ofrecían a los azotes, en la esperanza de que ello les aumentaría la fertilidad, y les facilitaría parir.
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Publicado: 05/03/04
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Rev: 28/04/2005, 17/05/05