Los Hamer o Hamar del valle de Omo en el sudeste de Etiopía, en África, son un
grupo de entre veinte y treinta mil personas de lengua Omótica que han
preservado su cultura por muchos siglos. Tienen una economía basada en la
crianza de animales (cabras, ovejas, vacas) agricultura, apicultura, recolección
caza e incursiones.
Para que un joven Hamer sea aceptado como hombre debe pasar una ceremonia de
iniciación consistente en caminar tres veces sobre el lomo de 12 a 20 o más
toros puestos lado a lado sin caerse. Si lo logra, será considerado un adulto y
será elegible para el matrimonio.
Lo que es de interés para nuestro sitio es que durante la ceremonia las
muchachas solteras parientes o amigas del iniciado son azotadas.

El asunto es así: las muchachas, mientras se mueven y danzan, animan a los “maz”
(jóvenes solteros iniciados) a azotarlas con el “micere”, la vara de azotar, una
rama de árbol larga y delgada similar a un látigo. Si el maz se niega, tal vez
arrojando el micere al suelo, y yéndose, la joven lo recoge y lo sigue
rogándole que la azote, hasta que finalmente el joven le da un azote fuerte en
la espalda. Para el ritual, el micere es usado una sola vez y descartado.
La joven, luego de ser azotada y sin mostrar signos exteriores de dolor, puede
pedirle otro azote al mismo hombre, o buscar otro para que le pegue.
La muchachas reciben estos azotes como una forma de mostrar su amistad y
cercanía al iniciado.

Y los azotes son en serio, como se puede ver en las fotos. Las varas levantan
verdugones, cortan las espaldas de las jóvenes y la sangre aflora.
Entre los Hamer los azotes son también una forma de flirtear. En los bailes y
otras reuniones sociales de la comunidad, una muchacha provocará al joven que le
gusta, y un joven azotará especialmente a su muchacha preferida.
Las mujeres no ven nada malo en ser azotadas y se enorgullecen de las marcas en
sus espaldas. Mostrar muchas cicatrices es una señal de popularidad y a las
muchachas les gusta ser populares, tanto entre los Hamer como en todos lados.

Las mujeres casadas tienen cicatrices en la espalda no sólo de las
celebraciones, sino también por los azotes de sus maridos. Es socialmente
aceptable, y aún fomentado el que un hombre castigue a su esposa con el micere,
pero sólo puede ser empleado en su espalda y por lo que la comunidad considera
razones válidas (haraganería, desobediencia, faltarle el respeto al esposo, la
mismas que son consideradas faltas de las esposas en muchas otras partes del
mundo).
Pegarle a una mujer sin razón se considera abusivo. Pero a menudo la
esposa provoca a su marido desobedeciendo o no haciendo sus tareas para ser
azotada, porque parecen preferir a hombre dominante como pareja. Un hombre que
no azota a su mujer cuando lo merece es considerado poco hombre.
El micere se encuentra en todas partes en la vida social de la comunidad. En el
trabajo, como un látigo para guiar al ganado. Pequeños micere se usan para
castigar a los niños en las piernas por portarse mal (pegarles con la mano es
considerado cruel), los adultos son azotados con micere como castigos
comunitarios y los jóvenes que hacen escapadas no autorizadas a los bosques para
bailar, azotar o ser azotados y tener sexo, si son descubiertos por los mayores,
son castigados, como no podía ser de otro modo, con un micere.
Publicado: 06/11/06
[ Historia ] [ Atrás ]