Una y otra vez leemos que la inclinación hacia BDSM es causada por las azotainas
recibidas por los aficionados en su infancia. Es repetido tan a menudo y suena
tan razonable que la mayoría de la gente, incluyendo los profesionales sobre el
tema, cree que es cierto. De allí, es fácil asumir que la gente que disfruta de
BDSM fue azotada y abusada en su niñez.
Se puede ver mencionado en diferentes ambientes, desde la psicología hasta los
movimientos en contra de las azotainas en la infancia. Para estos últimos, el
hecho de que Ud. podría convertir a sus hijos en pervertidos sexuales (¿como
nosotros?) si los azota, parece el argumento definitivo en contra de las
nalgadas. Y la psicología explica que el sujeto juega a esto para tratar de
reproducir esa experiencia traumática de la infancia y así poder controlarla. O
el dolor de los azotes es convertido en placer por mecanismos no especificados.
O Ud quiere ser castigado por su complejo de Edipo. O… El hecho de que no haya
acuerdo sobre el mecanismo después de tantos años es sospechoso en sí mismo.
El mito probablemente deriva del hecho de que un hombre tan importante como Jean
Jacques Rousseau en sus “Confesiones”, publicadas después de su muerte,
atribuía
su inclinación a la sumisión a una azotaína recibida en su niñez, en lo que es
una de las primeras menciones impresas de lo que ahora se llama BDSM.
Krafft-Ebing en su “Psycopathia sexualis” consideraba el masoquismo y el sadismo
como probablemente innatos (sus casos más significativos no habían sido azotados
en su niñez). Pero como Freud aceptó con entusiasmo la teoría de Rousseau sin
cuestionarla (“Desde las “Confesiones” de Jean Jacques Rousseau ha sido conocido
por los educadores que la estimulación dolorosa de la piel de la nalgas…(1)”) se
convirtió en un hecho, como tantas otras teorías que Freud propuso o apoyó sin
más razón que ser plausibles. Déle unos azotes a un niño y lo convertirá en un
pervertido sexual. Y como nosotros jugamos con nalgadas y dolor, caímos en la
bolsa.
Sólo que BDSM no es acerca de nalgadas y dolor, aún si a menudo los incluye,
sino acerca de dominación y sumisión. Aún Rousseau, si bien atribuía su
inclinación a una azotaina, decía en sus Confesiones que su fantasía era “caer a
los pies de un mujer autoritaria, obedecer sus órdenes o implorar perdón” o sea
ser sometido, sin mencionar ser azotado por ella.
Hay muchas variaciones en nuestros juegos, y muchas no incluyen nalgadas,
castigos físicos o dolor. ¿Alguien se inclinaría a disfrutar la sumisión por ser
nalgueado de niño? Desde luego, una nalgueada incluye ser dominado, y de manera
violenta, pero todos los castigos son dados para forzar la sumisión y la
obediencia. Y algunos muestran la sumisión en forma más explícita. Pararse en el
rincón simplemente porque alguien lo ordenó es una visible muestra de sumisión.
Lo mismo es cierto de cualquier otra penitencia que incluya un cumplimiento
voluntario, incluido escribir líneas o quedarse en el cuarto. Si alguien va a
ser atraído por la sumisión a causa de un castigo, no sólo las nalgadas sino
cualquier castigo recibido de niño podría causar esa inclinación.
Sorprendentemente, luego de más de doscientos años de propuesta, no conocemos
ninguna investigación que haya estudiado de una manera científica la correlación
entre recibir azotes en la infancia y la inclinación hacia BDSM en adultos
(2).
Parece que todos los profesionales están tan seguros de la correlación que
ninguno se molestó en corroborarla. O tal vez no sea tan sorprendente, porque
muchas de las teorías de la psicología y casi todas las del psicoanálisis están
basadas en la interpretación de los Maestros, que las desarrollaron estudiando a
sus pacientes, sin corroboración independiente.
Si la relación entre las nalgadas y BDSM es cierta, hay algunos interrogantes a
resolver:
¿Por qué algunos niños son impulsados a BDSM por las nalgadas y muchos otros no?
Si hubiera una conexión directa entre las azotainas y la inclinación hacia BDSM,
debería ocurrirles a todos (o, al menos, a la mayoría). Pero aun cuando las
mayor parte de los niños recibían azotaínas en al primera mitad del siglo 20,
sólo un 10% desarrollaron la afición (la encuesta que mostró que el 10% de la
población disfrutaba de nuestros juegos es de los años 70, cuando los niños de
la primera mitad del siglo eran adultos). Se podría decir que las azotainas sólo
causan la inclinación a quienes tienen alguna predisposición, pero eso
significaría que la inclinación estaba allí antes y que la azotaína fue sólo un
accidente que la puso de manifiesto, que es exactamente lo que proponemos. Y ni
siquiera es un accidente necesario, ya que a los que no recibieron azotaínas se
les manifestó de alguna otra manera.
En otras palabras, sabemos que mucha gente relaciona la inclinación hacia BDSM a
ser azotado o incluso a un castigo determinado en su niñez. Pero el hecho de que
alguien (como Rousseau) se hizo consciente de su inclinación hacia BDSM mientras
sufría una azotaína no es prueba de que la experiencia causó la inclinación. Es
perfectamente posible que la azotaína sólo trajera a la conciencia una atracción
innata que no se había manifestado anteriormente.
En nuestra experiencia, luego de muchos años de practicar y estar en contacto
con practicantes de BDSM, muchos de ellos (como yo y muchos de los que
escriben a nuestro sitio) nunca recibieron azotainas o vieron en su infancia a
otros recibiéndolas, y muchos pueden recordar reacciones sexuales o pre-sexuales
a prácticas tipo BDSM (no sólo azotainas) antes de ser expuestos a las azotaínas
o saber acerca de ellas.
Y esto trae otro interrogante para los proponentes de la teoría: ¿Cómo y porqué
los niños que no recibieron azotainas (y, si nuestras observaciones son ciertas,
tantos de ellos como de los azotados) desarrollaron la inclinación? ¿Puede ser
que haya una razón para ser atraído por BDSM si fue Ud. azotado y otra si no lo
fue? Esto parecería un esfuerzo por mantener a flote una teoría que hace agua.
Así que, hasta que alguien presente real evidencia, un estudio o un mecanismo
convincente que confirme la correlación, nuestra opinión, basada en los muchos
casos que conocemos (y gracias a nuestro sitio y a Internet, estamos y estuvimos
en contacto con muchos más aficionados a BDSM que la mayor parte de los
psicólogos en toda su práctica profesional) es tan válida como la de cualquier
otro. Y nuestra experiencia sugiere que la inclinación hacia BDSM es innata.
Algunas personas la descubren asociada a algún castigo recibido, pero muchos
recuerdan reacciones tempranas a eventos del tipo de BDSM no relacionados con
ellos. Y mucha, mucha gente fue atraída a BDSM antes de haber experimentado o
sido testigos de castigos corporales.
La supuesta correlación es, para nosotros, uno de los muchos mitos sin apoyo en
la realidad que rodean a BDSM. Usted disfrutará de BDSM si tiene esa
inclinación, y no lo hará si no la tiene, si importar si de niño recibió
nalgadas o no.
(1) Sigmund Freud. “Tres ensayos para una teoría sexual” (1905) (volver)
(2)Hay estudios que parecen correlacionar los azotes en la infancia con el comportamiento agresivo en adultos (no suelen hacer diferencia entre unas nalgadas y abuso) pero muchos de los aficionados a BDSM, aún los dominantes, no son agresivos en la vida real. (volver)
Publicado: 11/04/07
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