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Vida de von Sacher-Masoch


Leopold Ritter von Sacher-Masoch (1836-1895) nació en Lemberg, Austria (ahora Lviv, Ucrania) del jefe de policía de Lemberg, hecho caballero por el Emperador Francisco I, y de Charlotte von Masoch, una aristócrata polaca. Con la familia vivía su tía paterna, la Condesa Zenobia Sacher-Masoch, a quien adoraba y quien lo habría azotado. En diferentes versiones de la historia, ella azota  a su marido, después de que la descubrió con un amante y a Leopold por ser testigo del hecho, y el protagonista de "La Venus de las pieles" cuenta la historia de una tía que, junto con su hija y una sirvienta lo ataron de pies y manos y lo azotaron con una vara. Se supone que eso contribuyó al desarrollo de sus preferencias sexuales.

En 1848 su familia se mudó a Praga, donde aprendió alemán, idioma en que escribió todos sus libros. Allí concurrió a la escuela, con excelentes notas y un premio por su ensayo de graduación. Su padre lo hizo estudiar Leyes, aún cuando él estaba interesado en la literatura y el teatro. Comenzó sus estudios en la Universidad de Praga, de donde pasó a la Universidad de Graz, donde se graduó, con tan sólo 19 años, como Doctor en Leyes en 1885.

En 1861 tuvo un amorío con una mujer 10 años mayor que él, Anna von Kottowitz, la esposa de un médico, que se divorció de su marido y abandonó a sus hijos para irse a vivir con él. A su pedido, ella lo dominaba, pegándole con sus puños, varas y látigos. Ella inspiró “Die Geschiedene Frau, Passionsgeschichte eines Idealisten” (la mujer divorciada, el cuento de pasión de un idealista), uno de sus libros sobre lo que después se llamaría masoquismo.

Su próxima aventura fue Fanny Pistor, quien inspiró “La Venus de las pieles”, Con ella firmó, el 8 de diciembre de 1869 un contrato de esclavitud, que comenzaba así:

“El Sr Leopold von Sacher-Masoch da su palabra de honor a Frau Pistor de convertirse en su esclavo y a obedecer sin reservas por seis meses cada uno de sus deseos y órdenes”

(lo reproduciremos en su totalidad en una futura sección de “Contratos”)


En la vida real (como en la novela) representaba a “Gregor”, su sirviente, e hizo con ella un viaje a Italia (Venecia, en la vida Real, Florencia, en la novela) donde eran desconocidos y podían disfrutar sus fantasías sin ser descubiertos. Él viajó en tercera clase, mientras ella disfrutaba un pasaje de primera clase, tanto en la vida real como en la novela.



Así como en la novela el protagonista hace que un pintor retrate a Wanda en pieles reclinada con un látigo en la mano, con Severin arrodillado a sus pies, la pareja de la vida real fue fotografiada prácticamente en la misma pose, látigo incluído. También se incluyó en la pareja un tercer personaje, en la vida real un actor italiano, en la novela un oficial de caballería griego, como amante de Fanny (o Wanda) , para dar celos y inflamar aún más la pasión entre ellos. Sólo que, al final, la relación de la vida real se fue desvaneciendo, sin el final dramático de la novela.

En 1887, ya famoso como escritor y traducido a muchos idiomas, viajó a Paris, donde fue bien recibido, admirado por Zola, Ibsen y Hugo, y con la prestigiosa "Revue de Deux Mondes" publicando varios artículos sobre él.

La próxima aventura no fue tan satisfactoria. Empezó a mantener correspondencia con una mujer que se hacía llamar “Wanda von Dunajew” (el nombre de la heroína de “La Venus”). “Wanda” buscaba recuperar algunas cartas comprometedoras que un amigo de ella había escrito en broma a Leopold. Luego de algunos intercambios, él se rehusó a devolver las cartas sin encontrase con ella. Se encontraron, y en la forma normal en la que él fantaseaba y hacía de todo una aventura romántica, tanto en la vida real como en sus novelas, imaginó que ella era una mujer de la nobleza, pudiera ser que una Condesa rusa casada, posando como una mujer común.

 

No lo era.

 

Su verdadero nombre era Angelika Aurora  Rümelin,  (aún cuando después cambió legalmente su nombre al de Wanda), había nacido en Graz en 1845 y, a los 27 años, vivía con su madre, y se ganaba la vida haciendo guantes. La relación continuó con todo su misterio hasta que tuvieron un hijo, que murió al nacer, y decidieron casarse en 1893.

 

Fue una desilusión para ambos. Ella descubrió que él tenía una visión del mundo ilusoria y quimérica, y que deseaba ser dominado y azotado en la vida real. Él descubrió que ella no era una condesa, pero peor aún, que ella no era la mujer dominante que él pensaba que era.

 

Tenían expectativas diferentes. Ella deseaba casarse con un hombre importante para vivir una vida normal. Él deseaba casarse con la heroína de su novela de la vida real. Aún cuando Wanda, en su libro “Confesiones de Wanda von Sacher-Masoch”, que trata mayormente de los años en que vivió con él, se queja amargamente de cómo él forzó sus fantasías sobre ella, olvida que ella misma las había fomentado al usar el nombre de Wanda en su correspondencia inicial.

Pero sí, él la forzó a cumplir sus fantasías. Le dijo que todos sus personajes femeninos tendían a ser mujeres crueles y dominantes, y que la única manera de que pudiera crear personajes diferentes y seguir vendiendo libros (lo que hacía para vivir) era viviendo sus obsesiones en casa. La hizo vestir pieles y azotarlo, e inclusive la forzó a la infidelidad, lo que ella evitó varias veces, hasta finalmente acceder, pero esa fue la humillación final que los llevó a la separación. Aún siendo aguda e inteligente, era una mujer de poca educación, que tuvo que cumplir sus fantasías porque tanto ella como los tres niños - uno de ellos, un niña de una relación anterior de Leopold - dependían de él para obtener casa y comida. La relación se enfrió, y él fue impulsado a tener una relación con Hulda Meister, quien trabajaba para él como secretaria y traductora. Wanda se fue a vivir a Paris con un periodista, de nombre Rosenthal.

En 1883 Leopold y Hulda se establecieron en Lindheim, en Alemania, cerca del Taunus, donde residiría por el resto de su vida. Luego de una larga y amarga batalla con su ex-esposa, consiguió el divorcio y se casó con Hulda. Tuvieron dos hijos. Ella lo cuidó con devoción maternal, porque él era, aparte de sus preferencias sexuales, un hombre amable y cariñoso y un padre amante muy allegado a sus hijos (aún Wanda aceptaba esto).

A los 50 años su salud mental empezó a declinar, y hacia 1885 se había vuelto violento y sufría alucinaciones. Oficialmente murió en Lindheim, Hesse, el 3 de marzo de 1895. Algunos historiadores sostienen que fue declarado muerto públicamente, pero que fue trasladado a un asilo en Mannheim, donde murió en 1905.
 


Publicado: 02/11/05

 

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