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BDSM y los festivales con azotes

 

Como la vida civilizada requiere control y disciplina, muchas culturas tienen festividades donde el orden y la moderación se rompen, y los límites de todos los días son ignorados. Por un momento, el orden es destruido, y el caos (algo controlado) reina, porque el caos es divertido, y es bueno divertirse de vez en cuando. Inevitablemente, al día siguiente, la vida retornará a lo normal, con sus límites, obligaciones y problemas. Y algunos de esos festivales nos recuerdan actividades de BDSM.

La Pomlazka checa y la cacería de Mardi Gras Cajun, son de esa clase, y ambos tiene características similares. Primero, ambos son celebrados por mera diversión, olvidadas sus implicaciones religiosas o mágicas. Ningún granjero checo cree hoy en día que la cosecha será mejor si azota a una mujer, ningún cazador recuerda que se supone que los niños son azotados como preparación para la Cuaresma.

La gente que las celebra es gente como nosotros, los checos europeos modernos, los Cajun ciudadanos de EE.UU. Ambos disfrutan de las hamburguesas de McDonald’s, la tele por cable y los blue jeans. Estos no son ritos de nativos de tierras lejanas con valores culturales extraños. (Perdónenos si estamos siendo pueblerinos. No podemos evitar ser occidentales)

Ambos son celebrados en comunidades cerradas muy unidas (si bien la pomlazka es aún celebrada en la grades ciudades, es allí poco más que una fiesta de familia). Nadie puede dejar que extraños entren en su casa para maltratar a su hija, o que cacen y azoten a sus hijos. El caos, para ser divertido no puede ser tan... caótico. Sólo es posible donde todos se conocen, porque eso es lo que mantiene el caos bajo algún control (en esas pequeñas comunidades, las máscaras de los cazadores pueden asustar a lo niños, pero no ocultan su identidad. Alguien los va a reconocer, de una u otra forma).

También la protección normal de los menores es abandonada ese día. Padres que ponen mala cara cuando su "niñita" adolescente tiene una cita con un muchacho, dejan entrar a su casa varios muchachos para que la maltraten y azoten. Padres que se preocupan por sus hijos, y que tal vez ni siquiera les dan unas nalgadas, permiten y aún animan, a que los humillen y azoten públicamente. Y, curiosamente, ambas son celebradas por gente de tradición católica.

Desde luego, ambas son festividades de gente “normal”, la mayoría de los cuales ni siquiera quiere oír hablar de BDSM.

Para mantenerse en el tiempo, estas festividades tienen que darles algo a todos los participantes. Aún los cazados y azotados deben disfrutar del juego, porque las niñas a las que el lunes de Pascua las aterrorizaba, o niños que fueron dañados física o mentalmente por la cacería no permitirían que lo mismo les ocurriera a sus amados hijos unos años después. Eventualmente, el ciclo se rompería.

¿Que obtienen los azotadores y cazadores? Parecería que disfrutan el tener poder sobre el otro, verlo indefenso, ver el miedo en sus ojos, verlos sometidos. ¿Y que obtienen las “víctimas”? Uno diría que la dosis de adrenalina por ser cazados, el sentirse indefensos, la humillación de arrodillarse o ser bañado en público, las endorfinas por el limitado dolor de los azotes. Y ambos lados lo pueden disfrutar sin culpa, porque es sólo un juego, sólo por el día, no es real.

Pero, oh! reconocemos esos sentimientos (como probablemente los reconoce Ud.). Son los mismos placeres que obtenemos de nuestros juegos de BDSM.

Y hay aún más cosas similares: Los festivales son consensuados, todos los participantes están de acuerdo en jugar, y todos saben que es un juego, no la vida real. Y se juegan por el solo placer (y tal vez la excitación) de jugarlos.

Ann (la del Manual, que es una amiga que recibe los borradores de algunos artículos para comentarlos) nos hizo notar que BDSM también puede ser considerado una ruptura de las reglas de todos los días. En ellos está bien pegar, humillar y faltarle el respeto al otro, está bien permitirle al otro que le pegue, lo humille y le falte el respeto. También está permitido mostrar los sentimientos profundos, restringidos en la vida real. Es caos (algo controlado) y tal vez es una de las razones de que BDSM sea divertido. ¿Es BDSM nuestra propia "festividad caótica”?

Pero parece que no sólo nosotros, “pervertidos” declarados, podemos disfrutarlo. Comunidades enteras de gente "normal" disfruta de juegos similares, cuando las reglas pueden ser olvidadas y se permite a los sentimientos aflorar.
 

Como la sexualidad humana es tanto psíquica como física, puede ser manipulada. Por siglos las mujeres “buenas” no tuvieron orgasmos, porque se les dijo que tenerlos estaba mal (y se les privó cuidadosamente de información en contrario). Por muchos años las mujeres trataron de tener “orgasmos vaginales” porque, según Freud, esa era la forma adulta de hacerlo, aún cuando es anatómicamente imposible. (Freud no era exactamente un experto en anatomía femenina).


Entonces, estos festivales nos hacen pensar. ¿Que pasaría si la religión no nos hubiera dicho por siglos qué está bien y qué está mal con respecto al sexo? ¿Qué, si los psicólogos no nos hubieran dicho por cien años qué es “normal” y qué es “enfermo”? (a comienzos del siglo 19, en Europa, ir a un burdel a ser azotado era, como ahora pagar a una prostituta, malo, pecaminoso y desaprobado públicamente, pero era tolerado, no “enfermo”).


Tal vez no somos diferentes de la gente “normal” por lo que sentimos, sino porque nos permitimos sentirlo, y aceptamos que es bueno, mientras, tal vez, mucha gente niega (aún a sí misma) que siente lo mismo, y no intenta probarlo, por considerarlo "enfermo".

 

Sin la presión de la sociedad, ¿seríamos sólo algo así como un diez por ciento de la población?
 

Publicado: 31/05/06

 

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